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Supercomputadores en Barcelona

March 19, 2012

RESULTA sumamente alentador que los científicos e investigadores del Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS), que funciona en el ámbito de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), se mantengan intensamente activos en el desarrollo de nuevos avances tecnológicos. La arquitectura de la computación es la parte de la ingeniería que evoluciona más rápido. Baste decir que el supercomputador barcelonés Mare Nostrum, que cuando se inauguró en el 2004 era el primero de Europa y el cuarto más potente del mundo, hoy se encuentra en el puesto 299 del ranking internacional. Esto ha obligado a nuevas actualizaciones que permitirán recuperar posiciones y situarlo pronto de nuevo entre los mejores. Mientras tanto, este verano se puso en marcha en Barcelona otro megaordenador, bautizado como Minotauro, que es el ingenio de este tipo más eficiente de Europa y el séptimo del mundo. Los investigadores de este prestigioso centro, en el que trabajan 350 científicos, están construyendo, además, el que será el primer supercomputador del mundo basado en la tecnología de los teléfonos móviles. La clave del llamado proyecto Mont Blanc es aprovechar la gran eficiencia energética de los smartphones y de las tabletas para aumentar la capacidad de cálculo sin disparar el consumo. El prototipo final, que se espera tener listo a final de año, será un computador gigante de nueva generación diez veces más eficiente que los más desarrollados del momento. El BSC-CNS combina la investigación básica en supercomputación con la investigación aplicada para rentabilizar la inversión. Por cada euro de dinero público desembolsado se generan otros cinco, lo que da una idea de su nivel de excelencia. Desde su fundación ha desarrollado proyectos para más de setenta empresas y mantiene proyectos con otras sesenta. La existencia del BSC-CNS demuestra que el país puede estar en primera línea de la investigación mundial. Pero esas grandes zancadas científicas exigen un desarrollo empresarial que esté a la altura. Porque la grave incongruencia que se produce es que hay pocas empresas con capital nacional que dispongan de la capacidad y de la ambición necesarias para poder aprovechar ese gran capital investigador. El resultado es que, hoy por hoy, se trabaja en gran parte para empresas extranjeras, con la consiguiente transferencia de tecnología al exterior. Aun así, la presencia del BSC-CNS en Barcelona es un enorme logro que permite tener abierta la esperanza en un futuro mejor.